Un licuado de maracuyá. Una tortilla con palta. Pizza de ananá. Mermelada de ciruela. Ensalada de higo y queso de cabra. Juguito de naranja en el desayuno. Limonada en el almuerzo.  ¿Por qué todo eso suena a vacaciones? ¿A gustitos ocasionales? ¿Qué pasa en nuestra dieta que no los incorporamos a diario?

Muchas veces gran parte del problema es la dificultad para encontrar estos alimentos con facilidad y accesibilidad frecuente. Ya sea porque en los negocios del barrio no siempre los tienen, o los tienen muy caros. También suele pasar que no sabemos cuánto ni en qué estado comprar para no desperdiciar. O cómo guardarlos. O cómo preparlos.

Un poco de eso viene a querer solucionar Feria Fresca.  Porque comer es para nosotros un acto de amor. Porque somos lo que comemos. Por eso nos gusta elegir comer sano y rico. Para mimarnos.  Para compartir y convidar. Pero es también un acto social y político. Decidir qué comer y con quien. A dónde. Cómo. De dónde.  Tener conciencia de lo que estoy eligiendo cuando elijo un enlatado. O un fresco. Qué y a quién le pago lo que le pago.

Feria Fresca busca facilitar el acceso a productos de calidad y buen precio.  Además tenemos el tupé de pretender potenciar a los consumidores en su rol en la cadena y el sistema productivo. Fortalecer nuestra conciencia como tales a partir del saber y con ello aumentar el consumo local de ciertos alimentos.

Partimos de una firme creencia personal sobre la importancia del consumo saludable y los cambios necesarios en torno a la alimentación que la sociedad debe darse.

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